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6 especialistas en crianza responden: ¿Cómo lidiar con un Berrinche, Rabieta o Pataleta de un niño de 2 o 3 años en un lugar público?

Rabieta

 

Los berrinches, las rabietas y pataletas son uno de los temas que preocupan a las familias con niños pequeños. Muchas veces si estas suceden en lugares públicos generan aún más estrés y preocupación que cuando suceden dentro del ámbito de la familia. Por eso les presento las 6 respuestas que especialistas sobre el tema y yo les damos para tratar de ayudarlos a resolver estas situaciones.

Elegí especialistas de distintas orientaciones, para que puedan tener un abanico de opciones y de orientaciones.

A continuación las preguntas que les hice:

1) ¿Cuál sería la mejor manera de resolver una rabieta, pataleta o berrinche de un hijo de 2 o 3 años en un lugar público?
Por favor, Ejemplifique con una situación hipotética.
Diga:
A) Lo que no hay que hacer según su buen criterio.
B) Lo que sí hay que hacer según su parecer.
C) Una explicación del porqué.

 

Teresa García.

Psicóloga. Española (Tenerife). Especializada en el acompañamiento de familias para la crianza de niños sin castigos.

Cuando tenía 15 años me hice una pregunta que ha guiado mi trabajo como psicóloga: "¿Qué sucede para que una madre/padre cambie el amor en sus palabras hacia un hijo-hija por el odio?"

Después de 10 años de práctica profesional he descubierto, que lo que falla está tanto dentro de la persona como en el ambiente. En esta situación, estar en un lugar público con un niño o niña que está expresando su frustración en forma de berrinche, lo que está alredor cobra una importancia primordial.

Existen condicionantes de los que somos conscientes y otros que están biológicamente programados para nuestra supervivencia como especie. Por ejemplo en la supervivencia tenemos años de práctica en sobrevivir por el apoyo del grupo y morir por la exclusión. Y eso está a nivel no consciente, y se presenta en un lugar público como necesidad de aceptación por parte del entorno: las personas que están compartiendo el espacio en ese momento.

Supón por un momento que te encuentras en un supermercado y tu hijo de dos años pide algo que no puedes darle. Entonces comienza a llorar y se echa al suelo mientras grita y llora. Las personas que están haciendo la compra miran al niño (es imposible no mirarlo) y te miran esperando... Lo cierto es que no sabes lo que esperan, sino que simplemente interpretas sus miradas como desaprobación de la conducta que están viendo. En ese momento algunas cosas pueden empeorar la situación, y por ello es lo que nunca recomiendo hacer: (A)

  1. Perder la calma. Tu hijo necesita regular su emoción, y se retroalimenta de la tuya. Si tú pierdes la calma, él perderá la base segura para apoyarse.
  2. Pedirle que deje de llorar. El llanto es la forma más rápida para aliviar el estrés y la descarga hormonal que tiene con motivo de la frustración. Por lo tanto, cuanto más cómodo llore, más rápido bajará su malestar.
  3. Ridiculizarle. Con esa edad no entiende de normas sociales, pero si entiende si su persona de referencia le aprueba o le rechaza. Un rechazo aumentará el estrés, y por lo tanto tiene probabilidad de aumentar el problema, en lugar de ayudar a bajarlo.

Por el contrario, sí que puedes hacer algo (B) para ayudarle a superar la situación de la forma más acorde a su edad:

  1. Manten la calma. Háblale con suavidad. Puedes usar palabras de comprensión, aunque él aún no comprenda al 100% su significado, si que percibira la emoción con la que las pronuncias: "estoy aquí", "puede ser difícil manejar esta emoción", etc.
  2. Elimina la presión. Las otras personas pueden comenzar a decir cosas al niño. Habla con esas personas, mientras mantienes la atención en tu hijo mediante el tacto, acariciandole por ejemplo. De esa forma las otras personas centrarán su atención en ti, y bajará la presión sobre el niño que está manejando una emoción tan difícil, incluso para una persona adulta. Un "ciertamente cuesta trabajo mantener la calma cuando tu hijo llora con esta intensidad", puede generar una conversación donde ese adulto te cuente como lo ha manejado con sus hijos. La ganancia, como ya dije, es que baja la presión para que tú actúes de determinada forma y para que tu hijo deje de llorar.
  3. Protegele si fuera necesario: Cuando la frustración es muy fuerte, puede que trate de golpear las estanterías o tirar objetos. Esto puede hacerle daño a él y a las demás. Conviértete en una base segura, una barrera entre él y los objetos, de tal forma que no se haga daño, y comprenda que el enfado tiene un límite: la seguridad suya y de las demás personas y objetos presentes.

Para actuar de esta forma necesitas cierta preparación y cuidados. También comprender que puedes encontrar personas que consideren que reprimir la conducta es la forma más rápida de pararlo. Y pocas veces es la forma más rápida, y nunca es la forma más segura para ti, pero sobre todo para un bebé que en ese momento está fuera de control. Te parecerá más fácil de hacer si las personas que están en el supermercado en ese momento conocen con claridad qué hacer y qué no... Sin embargo no es que este modo de actuar esté tan difundido como me gustaría...

Si te apetece ampliar un poco sobre como prepararte para las situaciones complicadas que pueden darse entorno a la crianza, haz click.

Dafne Rozen

Puericultora y Consultora de Crianza.
Buenos Aires, Argentina.
Especializada en acompañar a las madres en la crianza.

 

1) ¿Cuál sería la mejor manera de resolver una rabieta, pataleta o berrinche de un hijo de 2 o 3 años en un lugar público?

 

Lo primero que me gustaría es detenerme sobre el punto: qué hacer con una rabieta en “la vía pública”. La realidad es que el “berrinche” tiene la misma raíz y necesidad para el chico cuando se da en la intimidad del hogar que cuando es en la vía pública. Que al adulto le estrese más cuando se da en público, tiene que ver con un problema del adulto. A lo que me refiero es que el ponernos incómodos por la mirada del otro, no es algo que hay que adjudicarle al chico, sino que es algo que tendrá que resolver el adulto.

 

Una vez aclarado ese punto podemos hablar sobre cómo actuar frente el berrinche de nuestros hijos para ayudarlos. Porque hay que entender que no es algo que “nos hacen”, sino que es algo que les pasa en determinadas situaciones.

 

Los berrinches suceden entre los 2 y los 4 años de nuestros hijos y tienen cómo foco la frustración. Es una edad en la que los chicos piensan mucho, pero les cuesta expresar esos pensamientos. Muchas veces el berrinche comienza cuando el chico quiso decir o explicar algo y el adulto que lo estaba escuchando no lo interpretó correctamente. Y otras veces tiene como desencadenante un deseo que no puede ser.

 

Lo que podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a pasar por el berrinche y poder salir del mismo, es por un lado empatizar con ellos y por otro lado comprenderlos.

 

  1. A) Lo que no hay que hacer según su buen criterio. 

Lo primero que tenemos que evitar hacer es “sacarnos”, enojarnos, gritarles y/o pegarles (nunca habría que hacerlo) porque sino terminamos haciendo nosotros un berrinche porque no nos gustan sus berrinches, y en ese momento perdemos la capacidad de empatizar con ellos para poder ayudarlos a salir.

 

Otra cosa que hay que evitar es intentar “sacarlos” con recompensas, por ejemplo: “Si dejás de llorar y te bajás del changuito te compro un chocolate”, porque en realidad uno les enseña a esconder lo que siente a cambio de un regalo. Además que después tu hijo te va a pedir un regalo cada vez que tenga que hacer algo que no le dé ganas, como podría ser sentarse a estudiar.

 

Tampoco es la idea que con tal que deje de gritar, se haga lo que él quiere, al menos no por esa razón.

 

  1. B) Lo que sí hay que hacer según su parecer.

Cuando un hijo quiere algo que no se puede, por ejemplo si quiere subirse a un juego en un parque de diversiones que es para más grandes, pero como va el hermano mayor él también quiere. Esa situación fácilmente puede desencadenar un berrinche. Lo ideal es transmitirles a los hijos que los entendemos, que entendemos por qué le da ganas de subir a él también a ese juego, y después explicarle el por qué no, y de ser posible buscar otra opción que sí pueda hacer. Por ejemplo: “Yo sé que como se sube tu hermano, y el juego parece ser muy divertido te dan ganas de ir a vos también. Pero mirá, la altura mínima que hay que tener es esta y no llegás, y eso es porque sino la traba no te sujeta bien y te podrías lastimar. Se me ocurren dos opciones, o podemos buscar otro juego que sea para tu edad y te guste. O podés ser el fotógrafo oficial y sos el encargado de sacarle fotos a tu hermano! Qué te gustaría más?!”.

 

Con el sólo hecho de validar lo que están sintiendo, empatizar con eso y poder ayudarlos a buscar otras alternativas para no quedarse sólo en la sensación de frustración que les produce el hecho en sí, ya le están dando una gran ayuda a sus hijos para poder pasarlo y salir de esa situación.


Siempre que les hablamos a nuestros hijos, mostrándoles que los estamos entendiendo (o al menos intentándolo) es importante agacharnos o sentarnos para poder hablarles mirándolos a los ojos, de igual a igual.


Otro momento que suele ser conflictivo es el de irse de una plaza, lo importante es por un lado adelantarles que está por venir el momento de tener que irse para volver a casa, y por otro lado darles para elegir “cómo” hacerlo. Pensemos que para los chicos no hay una buena razón de cortar el juego con el que están jugando para volver a casa. Entonces partiendo de esta premisa, que de golpe les digamos que dejen lo que están haciendo porque ya “es la hora”, no tiene sentido para ellos!!!!  Y nuestra imposición los lleva a una frustración que desemboca en un berrinche. Por eso es importante tanto avisarles que se acerca la hora de irse de la plaza, como dejarlos que elijan, por ejemplo, cuál es el último juego que quieren usar antes de tener que irse. De esa forma les damos la posibilidad de tener cierto control sobre lo que tiene que hacer y les damos la posibilidad de prepararse mentalmente. Lo que se puede hacer es ayudarse con una alarma del celular, y avisarle que cuando suene será la hora de marcharse, o mostrándoles las agujas del reloj hasta dónde tienen que llegar para que se termine el tiempo de plaza y nos tengamos que ir. Pero antes que eso suceda es importante avisarles que queda sólo un ratito más de juego, ya que no tienen noción del tiempo.

 


Cuando un berrinche ya está en curso, lo ideal es poder estar para nuestros hijos. Hay veces que un berrinche se pasa con un abrazo contenedor (aunque nos enoje lo que estén haciendo, hay chicos que para poder salir nos necesitan), y otros que necesitan que los dejemos descargar ese enojo, que lo pueden hacer contra el piso o se les puede dar un peluche para que lo aprieten y descarguen sobre él esa bronca que le dio la injusticia que él siente que acaba de suceder (nunca dejarlos que lo hagan sobre otra persona o ser vivo).

 

Lo mejor que podemos hacer con los berrinches y por nuestros hijos, es intentar entenderlos y acompañarlos.

 

  1. C) Una explicación del porqué.

Ser chico es estar en una posición muy “sumisa”, si bien es inevitable porque una de las tareas de los adultos es poner límites, decir qué cosas se pueden hacer y cuáles no. Ya que es verdad que si dejásemos a un niño decidir todo por ellos mismos posiblemente su alimentación sería a base de chocolates y caramelos, no se bañarían nunca y la hora de irse a dormir sería alrededor de las 2 AM (por nombrar algunas cosas).

Pero hay que entender que lo que para nosotros es obvio que no se puede hacer, simplemente porque no se hace, para ellos en su cabeza no hay razón para que no se pueda hacer y además a ellos les parece una idea fantástica la que han tenido!

 

Por eso al poder empatizar con lo que ellos están sintiendo, al poder entender cómo lo están pensando, y al adelantarles lo que va a pasar para que se puedan ir preparándose, los vamos a ayudar a evitar algunos berrinches, que eran evitables.

 

Pero también es verdad que hay muchos otros que no son evitables. Porque a nosotros también nos pasa que hay cosas de la rutina, del trabajo y de nuestra familia que nos enoja, y si podríamos a veces nos tiraríamos al piso a llorar y patalear!

Para contactar a Dafne Rozen escribir whatsapp o mandar mail

 

Lic. Gabriela Casco Bachem.

Psicóloga clínica, psicoanalista, especializada en adolescentes y niños. Colaboradora en diferentes medios de comunicación en columnas de psicología. Asunción, Paraguay.

Colaboradora permanente de la columna de psicología de la revista High Class, desde el 2008. Publicaciones en diferentes periódicos, revistas y medios audiovisuales del Paraguay, sobre temas de psicología y psicoanálisis, maternidad, crianza y educación; Abc Color, Ultima Hora. Estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Asunción. Integrante del directorio de Proley S.A., Protección Jurídica.


1) ¿Cuál sería la mejor manera de resolver una rabieta, pataleta o berrinche de un hijo de 2 o 3 años en un lugar público?

 

a) Lo que no hay que hacer ante una rabieta:

 

No podemos actuar de una forma en casa y de otra forma en publico

Cuando nuestros hijos tienen una rabieta en un lugar público, no tenemos la libertad de gritarles o ponerles limites como lo tenemos en casa. Por eso, muchas veces, nos encontramos desprovistos de opciones “socialmente aceptables” al momento de controlar a nuestros hijos en público. Esto nos indica, que la mejor forma de lidiar con un berrinche o rabieta en casa o en público, tiene que, necesariamente ser aceptable y no porque alguien no nos esté controlando o juzgando, podamos gritar o castigar al niño por una situación, que él mismo no puede controlar por su inmadurez emocional y carencia de herramientas cognitivas para validar sus necesidades de forma pacífica y tranquila, motivo por el cual, opta por el berrinche. Así, cuando nos encontremos con estas situaciones, en cualquier contexto, es necesario que tengamos las herramientas cognitivas y emocionales “entrenadas” para superar estos desafíos con éxito y sin que nadie se sienta avergonzado.

 

B) Lo que sí hay que hacer ante una rabieta:

 

Mantener una actitud positiva

Nuestras ideas causan nuestros sentimientos, nuestros comportamientos y la influencia que tenemos sobre los demás. Mantener una actitud positiva, es la base de la firmeza y la esperanza en la crianza de los niños, ya sean nuestros hijos o alumnos. Hacer y decir las cosas de forma positiva, propicia una sensación de mayor control de las situaciones, sean éstas difíciles o dolorosas y en cualquier contexto. El diálogo interno sobre lo que nos sucede en el día a día, influye directamente en lo que sentimos; pueden ser quejas y maldiciones u oportunidades para aprender y crecer, y en el caso de los berrinches y las rabietas, desafiar y fortalecer nuestra paciencia y propia madurez. Hacer de la actitud positiva un habito para padres e hijos, transforma la dinámica familiar en un ambiente de armonía y gratitud y cambia las quejas por posibilidades y oportunidades para crecer y aprender a accionar y reaccionar ante este tipo de situaciones límite, en donde todos estamos desbordados.

Ejemplo: Decir lo que queremos que nuestros hijos hagan, en vez de decir lo que no queremos que hagan; en vez de decir “no grites, no te tires al suelo” decir “podes decirme lo que necesitas y lo que queres despacio en mi oído yo te voy a escuchar, tranquilo, y abrazarlo. Bajar a su nivel de altura para que pueda hacer contacto visual con nosotros y pueda volver a centrar su atención en lo que le decimos. Evitar “no lo hagas” “no podes” “tenés que” y utilizar más “tenés la oportunidad de” “vamos a” “vos podes”.

Para más información sobre cómo llevar adelante una crianza sin estres

 

 

 

Melina Bronfman.

Terapeuta que acompaña procesos de crianza. Musicoterapeuta, Eutonista, Coach Ontólogico. Doula, experta en desarrollo infantil y crianza.

La mejor manera de resolver una rabieta es validar a la persona pequeña en su frustración y hacerle entender que entienden su situación de ese modo.

El segundo paso Debería ser encontrar una alternativa a aquello que la persona no puede llevar a cabo. Encontrar el motivo de por qué no puede realizar su deseo y ayudarlo a pensar de qué manera sí podría satisfacerse. Esto es válido tanto para un lugar público como privado la persona adulta debe colocarse siempre a la altura de la persona pequeña para que esta se sienta resguardada y protegida. Sobre todo jamás debe ser abandonada a pesar de tener un comportamiento que el mundo adulto suele rechazar.

Lo que no hay que hacer según mi criterio es calificar al niño o mejor dicho descalificarlo diciéndole que es un x (caprichoso maleducado, etc). Tampoco hay que ignorarlo o dejarlo solo llorando. Lo que sí hay que hacer ya lo dije más arriba hacerle sentir al niño la presencia del adulto incondicional dejando además abierta la puerta para poder resolver el conflicto que originó la descarga emocional.

 

Para más información, ingresar a su web: http://centromaterpater.com/

Ivana Raschkovan.

Psicóloga Clínica. Psicoanalista. Docente e investigadora de la Facultad de Psicología, UBA. Coordinadora Institucional de APRIN Psicología. Brinda tratamientos psicoterapéuticos a familias, niños, adolescentes y adultos; Consultas de crianza y orientación a padres. Codirectora de la Red Interdisciplinaria de Crianza. Coordinadora de talleres de crianza para familias.

Respuesta al punto 1)

Respuesta al punto A)

B) Lo que sí hay que hacer.

C) Una explicación del porqué

Para más información, ingresar a su web: http://www.facebook.com/Crianzainfantil/

 

Lic. Axel Rozen.

Psicólogo y psicoanalista. Especializado en el trabajo online con latinos a lo largo del mundo.

1) Berrinche en un lugar público.

Supongamos que a la salida del jardín el niño/a inicia un berrinche muy fuerte porque quiere quedarse saltando en un escalón en vez de ir al auto para volver a comer a la casa.

A) Lo que no hay que hacer frente a un berrinche:

Pegarle, lastimarlo, sentir que nos lo hace a propósito para dañarnos a nosotros o a nuestra imagen. Estar más preocupado por lo que piensen los demás que por la crianza de nuestro hijo/a. Perder el control. Hacer un berrinche más fuerte que el de nuestro hijo/a. Ofrecerle un premio inadecuado (Algo que no le daríamos normalmente). Por ejemplo ofrecerle un chupetín si se mete rápido al auto. Amenazarlo con cosas desproporcionadas (Si no subís al auto nunca más vas a jugar de tus primos). Castigarlo. Suplicarle, llorar.

B) Lo que sí hay que hacer frente a un berrinche:

No perder la calma. Intentar recordar que somos el adulto. Entender que a esta edad los berrinches son una parte importante del desarrollo y son inevitables hasta cierta medida. Tener presente que los demás no tienen incumbencia en esto. Que no debería importarnos lo que piensen los demás sobre nuestra dificultad con nuestro hijo/a. Aparte que aquellos que hayan tenido hijos seguramente estén de nuestro lado. Intentar asumir en nuestra planificación que las cosas tomarán mucho más tiempo que lo que tomarían si estuviésemos sin el menor, de ese modo dispondremos de más tiempo para lidiar con algunos pedidos del niño. Esto es muy útil. Porque si algunas veces podemos hacer lugar al pedido del niño, luego es más creible si le decimos. Hoy no se puede, pero así como el otro día nos quedamos un rato jugando, otro día nos volveremos a quedar.

Lo anterior como verán es para poder estar centrados y no perder el control. Luego ya sí podemos: Abrazarlo, explicarle que entendemos su deseo de seguir saltando, pero hoy no podemos, porque estamos apurados. Proponer otra cosa que sea igualmente interesante para el niño, pero que vaya en la dirección que queremos. por ejemplo "¡Carrera hasta el auto! ¿A ver quién llega primero?" y salimos corriendo en dirección al auto, esperando que el niño se lance a ganarnos. Obviamente sería bueno que nos ganen y poder felicitarlos. Ya se olvidó por hoy de saltar en el escalón.

También podemos recordarle que si llegamos rápido a casa podemos comer, bañarnos e ir al cumple de la prima. Aunque a los dos y tres años difícilmente pueda entender la contradicción entre quedarme jugando como quiero ahora e ir al cumpleaños como quiero también.

Podemos ofrecer cosas que igual haríamos, como vamos al auto y elegís la música. Pero no cosas que habitualmente consideramos que no debemos darles, como caramelos antes de almorzar.

C) La teoría detrás de esto...

El niño pasa de ser un ser absolutamente dependiente del adulto que lo cuida, a empezar a diferenciarse. Para esto, necesita poder decir que no. Empezar a encontrarse con sus deseos por fuera de los del adulto. Como todavía no tiene los instrumentos, habilidades, etc que le permitirá procesar sus malestares. Cuando esta diferenciación lo confronta con una insatisfacción reacciona pataleando y con berrinches. Es un desborde de emoción que no logra procesar con su aparato psíquico infantil. Necesita que lo ayudemos. Que le demos un sostén exterior. Que comprendamos su necesidad de diferenciarse, lo que no significa aceptar cualquier pedido, pero sí aceptar que pueda estar desbordado.

A veces a los padres se les dificulta sobrepasar esos momentos, porque despiertan puntos negros u oscuros de la propia personalidad. Cosas no resueltas de uno mismo. Todo eso se puede trabajar en una terapia.

Para pedir una consulta, mande un whatsapp

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