Artículos

La soledad psicológica – Testimonio de alguien que sufrió Depresión y nos cuenta cómo lo superó.

Depresión

 

El siguiente es un testimonio que  J. M. Polo me acercó para que lo publique, en el que nos cuenta cómo combatió la depresión. Considero muy interesante este escrito,  ya que puede ser de utilidad para quienes estén pasando por una depresión.

Lic. Axel L. Rozen.

Algunas veces comentamos (con familiares, amigos, lo vemos en televisión, lo escuchamos en la radio, lo leemos en la prensa... etcétera) esas misteriosas y enigmáticas preguntas con sus correspondientes respuestas inquietantes, variadas y diversas, según de quienes procedan, principalmente de científicos y expertos en la materia:

¿Estamos solos en el Universo?

¿O hay vida (del tipo que sea) en cualquier otro lugar desconocido para nosotros?

Vida, según el concepto que manejamos nosotros (seres vivos en general. "Extraterrestres”, fauna, flora).

Y pocas veces nos paramos a pensar no la grandiosidad e inmensidad infinita del Universo sino en nosotros mismos, del cual formamos parte del mismo, cómo una "unidad individual".

Cómo un “elemento” algo más que físico (racional) dentro de la evolución del mismo.

Pensar en nuestro verdadero yo interior.

En todo lo bueno y malo que hay dentro de él (sentimientos, pensamientos, emociones, vivencias y experiencias personales.... etcétera).

Hacer una exhaustiva y verdadera introspección sobre uno mismo.

“Autodesmenuzarse” poco a poco, para llegar a la firme conclusión de quien y cómo somos realmente ante nuestro entorno y sobretodo ante la persona más importante de nuestra vida. NOSOTROS MISMOS.

Y haga las preguntas que me haga, entre ellas he sacado varias conclusiones donde destaco principalmente ésta:

Que realmente cada uno de nosotros estamos solos en la vida por mucho que vivamos en sociedad y nos rodeemos de mucha gente que nos quiere y aprecia.

Al final, las castañas del fuego te las tienes que sacar tú mismo en los momentos más difíciles de tu vida.

Si es con ayuda de otros, perfecto.

Pero al fin y al cabo, tú eres el que maneja el timón de tu vida y el que toma las decisiones.

Nadie, absolutamente nadie podrá tomarlas desde tu perspectiva. Nadie se puede meter, conocer y sentir realmente tus verdaderos pensamientos, emociones y sentimientos.

Es ilógico e irracional.

Y así permanecemos, solos, desde el día en que nacemos y hasta el momento de irnos para siempre.

Desde que vamos adquiriendo la madurez, todo nuestro diseño, el plan de vuelo de nuestra vida depende únicamente  de nosotros (en condiciones “óptimas” y “normales” dentro del mundo occidental en el que vivimos).

Somos dueños de nuestras propias decisiones con sus correspondientes consecuencias, de nuestros actos, de nuestras interacciones con nuestro entorno.

Porque eliges esto y no lo otro.

Hasta la sencilla elección de por qué decides ir por esta calle/carretera y no por otra (puedes encontrarte con alguien conocido, con alguien que te resulte atractivo/a, ver un coche alucinante, ver un paisaje maravilloso, no pasar nada o puede ocurrirte algo malo: un robo, un atropello, que te caigas al suelo a causa de un agujero en la acera, tener un accidente... etcétera).

O subir a un avión (llegas a tu destino (99'99% de las veces), o hay turbulencias durante el trayecto, o se estrella) para ir a cualquier lugar.

Uno no elige el día, lugar, familia y entorno donde nace. Eso viene de serie en el contrato de la vida. Lo que toca, toca. Pero si podemos "elegir" (al menos tenemos la capacidad) a lo largo de nuestra vida muchas cosas más: amistades, estudios secundarios, trabajo, tener o tener pareja, hijos, elegir el lugar de residencia....

El motivo de escribir estas líneas, es que he pasado por una fuerte depresión (longeva en el tiempo) de la cual he salido realizando mucho esfuerzo y sacrificio.

También gracias a la ayuda de mucha gente (mi familia, mi mujer, mis amigos, mis compañeros de trabajo y por supuesto siguiendo a rajatabla los consejos y sugerencias de los profesionales de la psicología y psiquiatría).

El hecho de titular esta historia de mi vida cómo "La soledad psicológica" tiene que ver con cómo he sido y me he sentido durante mi enfermedad, la cual me ha acompañado desde hace muchos, muchos años.

Tuve una infancia feliz de puertas para afuera. Amigos del colegio y del barrio con los que jugaba a todas horas en la calle. No destacaba ni cómo el “líder” ni el cómo el "rezagado" Era uno más. Contaba con todos ellos y ellos conmigo. Sentía que formaba parte de un grupo de amigos. Y era feliz jugando con ellos. En el colegio, ningún tipo de problema de adaptación y educativo. Terminé la EGB sin problemas.,Sin embargo, cuando ya vas teniendo uso de razón, poca todavía, ves, percibes, te das cuenta que en tu familia de origen ocurre algún que otro problema.

Lo ves desde la posición de un niño y años más tarde como adolescente. Posición por otro lado "privilegiada", "en primera fila". Pero posición desde el silencio. Desde la distancia no física sino psicológica. Simplemente ver, oír y callar. Aún no tienes las herramientas,  los recursos necesarios para afrontar y menos todavía dar tu opinión o entrometerte en mitad de esos problemas. Eres muy joven, apenas un niño de 7/8 años de edad, y estás comenzando el proceso de forjarte cómo un ser humano más. Estás construyendo poco a poco tu base, los pilares y cimientos de tu vida. Y los años van pasando. Esos problemas siguen ahí e incluso con alguno que otro más. Con episodios tremendamente duros y traumáticos. Y tu vida sigue adelante.

Estudios, amigos, pareja, trabajo, comprar un coche, una casa....etc. Pero empiezas a construirte tu propia armadura ante los demás. Armadura que te hace sentir seguro y resguardado tras ella, para no contar nada a nadie lo que realmente te está sucediendo. Te acostumbras a vivir con ella. E incluso a depender de ella en ciertos momentos.

Da igual el lugar donde estés (una fiesta, un cumpleaños, botellones, cine, barbacoa, viajes, bodas....etc) y con quién estés (pareja, amigos, compañeros de trabajo.. etcétera). Esos malos pensamientos, emociones y sentimientos los tienes dentro y están totalmente reprimidos. Lo haces de manera automática para sentirte más “protegido” y no hundirte en ciertos momentos. No ponerte a llorar. Te siguen allá a donde estés y lo van a seguir haciendo. No sabes cómo canalizar, digerir y proyectar hacia afuera tanto dolor y tristeza sentidos y sufridos en soledad únicamente psicológica durante años y años. Estaba rodeado de mucha gente que me quería y apreciaba. Y yo a ellos.

Me considero una persona muy sociable. Eso no es bueno ni malo. Es un rasgo más de la personalidad de una persona. Muy pendiente siempre para lo bueno y malo de todas las personas que quiero y me quieren. Tremendamente altruista con todos y cada uno de ellos. Siempre dispuesto para echarles una mano en lo que sea. O simplemente escucharles (sus buenas o malas experiencias, sus sentimientos).

Hacía y participaba en muchos eventos. Incluso, yo con otros cuántos amigos, éramos los que los proponíamos y organizábamos cumpleaños, cenas de Navidad, fiestas de Nochevieja, ir a casas rurales (ya en las etapas de juventud y madurez).  Y llegado ese evento, el que fuese, tenía ratos y momentos de una gran alegría y felicidad exteriorizada a rabiar. Me lo estaba pasando muy bien haciendo lo que fuese, donde fuese y con quien fuese.

Pero acabados esos momentos de luces, al instante aparecían los momentos de sombras. Tus "problemas". Tu verdadera pesadilla. Problemas que eran "externos" a mí. Personalmente tenía y tengo buena salud física, una gran compañera de viaje a la que siempre he querido, ambos con buen trabajo, sin problemas económicos.... etc. Vives y te desvives por y para los demás.

Fundamentalmente para solucionar gran parte o todos los problemas que acontecen en tu familia de origen, despreocupándote de tí mismo. Pones todo tu empeño, esfuerzo y sacrificio. Inviertes mucho tiempo de tu vida para lograr tal propósito. A cualquier precio y a toda costa. Craso error por mi parte, tratándose de una persona extremadamente sensible, vulnerable e inestable cómo era yo.

Te ocurre, que todos esos problemas, difíciles de soportar y llevar encima, te van mermando tus fuerzas físicas y sobretodo las psicológicas.

TODO ESE SACRIFICIO Y ESFUERZO SE VUELVEN EN TU CONTRA.

CAEN CONTÍNUAMENTE EN SACO ROTO.

SE CONVIERTEN CÓMO SI FUESE UN DESOLADOR Y ARRASADOR "EFECTO BOOMERANG" QUE IMPACTA CONSTATEMENTE SOBRE TÍ, EN VER QUE NO CONSIGUES OBTENER RESULTADO ALGUNO A LA HORA DE ABORDAR TU PRINCIPAL OBJETIVO EN ESOS MOMENTOS DE TU VIDA.

Y ESO TE ENTRISTECE Y TE FRUSTRA MÁS AÚN SI CABE.

Te sumes en una profunda tristeza, melancolía, frustración, impotencia, inseguridad y sobretodo soledad, si no cuentas nada a nadie. Si te lo tragas y comes absolutamente todo, sin canalizar tanto sufrimiento hacia afuera, te estás hundiendo más aún todavía. Te acostumbras a desempeñar ante los demás un papel. Un papel de actor. El feliz, alegre, simpático, risueño.. etcétera por fuera y el tremendamente destrozado por dentro, independientemente de si estás solo o en compañía de cualquier ser humano por donde se va desarrollando tu vida.

Tus roles en la vida (hijo, hermano, pareja sentimental,  amigo, compañero de trabajo, trabajador... etcétera) se ven afectados y distorsionados caóticamente para mal con el transcurso de tu vida, a la par que sigue ocurriendo algún que otro nefasto episodio dentro de tu mayor foco tóxico.

En resumen, todo eso repercute notable y negativamente en tus relaciones sociales, tanto de tu ámbito privado cómo profesional. Y sin embargo nadie de tu alrededor es plenamente conciente de lo que te está pasando, gracias a tu fiel, eficaz y fiable armadura. Diseñada cómo un traje a medida.

Tu vida social se convierte en una vertiginosa y peligrosa montaña rusa con final incierto. Con muchos altibajos. Con muchos momentos muy, muy buenos, pero con la felicidad pura “reprimida por dentro” porque están siempre presentes, en el consciente o subconsciente (no entiendo nada de eso), todos esos problemas. Sabes a ciencia cierta que en cuanto pase ese buen y feliz momento, al tiempo, a los minutos, horas que sean tu tristeza vital y soledad interior te va a seguir machacando.

A veces, hasta inconscientemente te pasa que te evades de ese momento. Por ejemplo cuando estás con amigos, tomando algo en un pub y de repente te das cuenta al cabo de unos segundos, que no has estado ni en las conversaciones que se cruzan entre unos y otros, o viendo (no observando) un partido de fútbol por la televisión del pub. Al rato, reaccionas y vuelves “a estar ahí”. Tus roles y relaciones sociales están mermados, afectados, a causa de tu enfermedad.

Llevas una vida completamente falsa ante los demás. Una distorsión de tu propia realidad y existencia de cara a tu entorno. Una vida de mentira. Y eso también es agotador. Hacer un tremendo esfuerzo psicológico para que nadie perciba tu enfermedad. La quieres ocultar consciente pero temerariamente. Te avergüenzas de ser así y no cómo otras personas de tu entorno que aparentemente las ves más felices, maduras e íntegras que tú (baja autoestima). Y el resultado real de toda esa espiral en la que estás sumergido, llena a rebosar de tanta tristeza, frustración, inseguridad, baja autoestima, soledad... etcétera, es que te estás engañando a ti mismo. Te vas aislando hasta de tu propia pareja. Te conviertes en una persona hermética, callada, desconocida, para no contar nada de lo que está ocurriendo por dentro: Tu verdadera destrucción cómo ser humano.

Sólo ven, sienten y perciben de ti todo lo bueno que llevas dentro y que se lo demuestras día a día. Pero desconocen tu verdadero y demoledor secreto: tu terrible enfermedad. Y eso deriva en problemas de entendimiento y complicidad con tu pareja. Te aislas (pierdes el contacto con tus amigos, no les cuentas nada a ellos y menos todavía en el trabajo) de tu entorno de una manera psicológica. Te aislas emocionalmente de tus propios compañeros de trabajo, con los que pasas más horas al año (compartiendo muchos momentos buenos y algunos malos, lógicamente) que con cualquiera de tus amigos, padres y hermanos.

Ni que decir tiene que:

Pierdes el apetito hasta por tu comida favorita. Tienes el sueño completamente descontrolado. No tienes ganas de hacer ejercicio físico aunque sea moderado y regular. Ni siquiera gana alguna de tener relaciones sexuales con tu pareja. En definitiva, tu reloj biológico también está seriamente dañado, afectado y alterado.

Tengo un compañero de trabajo que muchas veces, cuando entra a la oficina por la mañana su saludo es éste: Buenos días, familiaaa!!! Y es verdad. Los compañeros de trabajo, pueden llegar a ser, no siempre, cómo la segunda familia de uno. Dependiendo de cómo se desenvuelve tu vida laboral en el día a día. Yo era y soy feliz con mi trabajo y los compañeros que tengo. Lógicamente sientes más apego por unos que por otros. Cómo con tus amistades fuera del trabajo. Nunca se sabe que te puede ocurrir a tí o a alguien de tu alrededor. Pero si él cae o tú caes, tienes gente alrededor que sin condición alguna, a cualquier precio y a toda costa, te ayudará a que te levantes si caes una vez o cuantas veces sean. Y ese fue mi caso. Recogí de cuanto sembré a lo largo de los años. Recogí ayuda en forma de cariño, compresión, afecto, ternura, llantos y más llantos de desahogo encima de sus hombros etcétera. De algunos amigos y de algunos compañeros de trabajo. Pero sobretodo de mi mujer. Mi enfermedad seguía devorándome por fuera y sobretodo por dentro. Y seguía adoptando el mismo comportamiento y actitud ante mis problemas. Ante la vida. No contar nada.

Me excusaba a mí mismo con frases (pensamientos) cómo éstas:

* Buah!! ya le contaré lo que me pasa.

* Ahora no es el momento. Nos lo estamos pasando muy bien.

* Jo!! Cómo para contarle lo mío. Bastante tiene él/ella con lo suyo, cómo para yo preocuparle aún más por lo que me está sucediendo.

* Ya se lo contaré cuando vea el momento y la situación más oportuna

Pero nada de nada.

Seguía en picado y cuesta abajo. En caída libre y sin paracaídas. Pasando muchas horas en la cama cuando no tenía que estar en el trabajo. Sin ganas de nadie ni de nada. Llorando y llorando. Recordando lo que fue mi vida y en lo que se está convirtiendo.
Cómo dicen los psicólogos: Si estás viviendo en el pasado, padeces una depresión. Si estás viviendo en el futuro, padeces ansiedad. Si estás viviendo el presente, estás en paz contigo mismo. Te llegas a convertir en un verdadero “maleducado” ante todos tus seres humanos más queridos. Proyectas contra ellos todas tus frustraciones e inseguridades acumuladas durante tu vida; Mal genio, irritabilidad, aislamiento, sin diálogo alguno, violencia verbal.. etcétera cada vez que estaba a su lado. Les haces culpables, responsables (de manera involuntaria porque tu enfermedad así lo dispone) de tu propia enfermedad: Te avergüenzas de ellos (en privado y sobretodo en público), los rechazas, los ignoras, los apartas de tu vida (hasta te vuelves un auténtico desconocido con tu propia pareja ocultándola tu verdadero estado emocional), no quieres saber nada de sus vidas..... etcétera. En plena crisis sentimental, mi mujer me sugiere en varias ocasiones que vaya a un psicólogo. Pero yo se lo rechazo una y otra vez. La dices que no estás tan mal cómo ella ve, siente y percibe. Y estás volviéndote a engañar a ti mismo, sabiendo perfectamente que estás mucho peor que mal.

Y me decía cosas cómo éstas:

* Buah!! Un psicólogo. Puedo seguir llevando/soportando mis problemas en la mochila de mi vida ve el final de mi existencia.

* ¿Ir a un psicólogo? ¿Qué va a pensar la gente de mí? Lo temo. Tengo miedo por el que dirán.

Aparte, no tengo vetiempo de ir:

Atender a mi familia, mi psreja, mi trabajo, mi casa..... etcétera.

Estaba constantemente relamiéndome las heridas en soledad, en medio de un mar de lágrimas, sin poner remedio al asunto. Lloraba en muchos momentos del día sin estar ella delante. No era valiente, decidido, firme y seguro a enfrentarme, no a mis problemas sino a mi enfermedad. A mí mismo. Ellos no tenían culpa alguna de mi enfermedad. Culpa alguna de cómo estaba permanentemente traumatizado por algunos episodios, experiencias y malas etapas sucedidas a lo largo de mi vida. Culpa alguna por mi manera de digerir  todo eso, que lógicamente me hacía de sufrir porque era mi familia de origen y los quería y quiero con locura. Realmente lo que me estaba sucediendo era una guerra civil que mantenía conmigo mismo en el interior de mi enferma cabeza, día sí y día también. Así año tras año. Una guerra a vida o muerte.

Con pocas batallas ganadas. Muy pocas. Todo lo demás era derrota tras derrota por pretender cambiar la manera de comportarse ante de la vida, de varias personas de mi entorno más cercano, íntimo y querido. Te ves reflejado en un espejo y no te reconoces. Te odias, te insultas, te menosprecias a tí mismo. No te gusta tu imagen. No aceptas las reglas del juego de la vida. No aceptas a nadie de cómo es su manera de ser y menos todavía la tuya. Te ves defectos y más defectos allá por donde te mires. Tanto por dentro cómo por fuera. Te haces constantemente preguntas: por qué es así la vida y no cómo yo la concibo. Por qué la gente se comporta de esa forma y no cómo yo, que soy una buena, generosa, humilde y sencilla persona. Por qué pagan mis frustraciones e inseguridades los seres humanos más queridos para mí en vez de decirles que les quiero mucho y que estoy hundido por completo.

Y llegas un día en el que te levantas de la cama. Totalmente cansado de todo y de todos. Sobretodo de ti mismo. Desayunas y te vuelves a acostar. Son las 10:00 horas de la mañana. Bajas nuevamente las persianas y por enésima vez en tu vida, la noche vuelve a manifestarse en tu habitación. Lloras de rabia, impotencia, frustración. De no saber que hacer y decir. Que decisión/es tomar con respecto a lo que te está sucediendo. Te sientes más solo que nunca desde el punto de vista psicológico. Te sientes confundido y bloqueado. Atrapado entre los muros del tiempo. Los muros de tu vida. Sin saber cómo parar, detener esa terrible espiral agotadora, desbordada de malos y tóxicos pensamientos, emociones y sentimientos que van desintegrando tu vida.

Esa espiral que realmente eres tú mismo y nadie más. Al rato te levantas y vas al cuarto de baño. A continuación te miras en el espejo. Estás totalmente estropeado. Demacrado. Con un aspecto físico desmejorado. Te ves unas ojeras que te llegan hasta los pies. Unas ojeras que se parecen más a las secuelas de golpes, puñetazos producto de una pelea con alguien (cuando en realidad es que nunca me he pegado con nadie a lo largo de mi vida). Unas ojeras que realmente son el resultado, la manifestación, un síntoma más, del combate a vida o muerte de tu propia vida. De la lucha contra una enfermedad más, de las muchas que hay en el mundo.

¿Tenía pensamientos de suicidio?

No, realmente cómo tales. No pensaba en la manera, modo o lugar para suicidarme. Era más profundo, si se me permite la expresión. Sentía que tarde o temprano, me moriría de tanta soledad psicológica y tristeza acumulados a lo largo de mi vida. Y es así de cierto y real. Parece que padeciendo una fuerte depresión es cómo si te estuvieses muriendo poco a poco. Lenta y agónicamente.

¿Realmente era un pensamiento enmascarado de un posible suicidio a corto, medio o largo plazo? ¿Era carne de suicidio?
Pues no lo sé. Probablemente sí, si seguía transitando solitariamente por ese lúgubre y aislado camino que no me llevaba a un buen lugar. Todo lo contrario. Hay diversas opiniones sociales, de la gente, sobre el tema del suicidio:

* Hay que ser muy valiente para hacer eso.

* Es de ser un cobarde, quitarse de en medio por no querer afrontar sus problemas.

Y esa misma noche, caí rendido en los brazos de mi mujer. Roto de tanto llanto. La conté algunas cosas que ella no sabía y que me estaban destrozando. Que estaba muy, muy mal. Que buscásemos la ayuda (consejos) de un profesional de la psicología/psiquiatría. Que nuestra crisis matrimonial era producto de mi enfermedad. Que yo siempre la había querido y la quería en esos duros momentos de mi vida, pero estaba completamente cegado (ningún gesto de cariño, amor, detalle, complicidad con ella... etc) por mi enfermedad. Ella rompió a llorar y al poco tiempo nos pusimos en manos de un profesional de la psicología. Tanto para llevar mejor nuestra relación de pareja, y sobretodo para que tanto ella cómo yo, comprendiésemos mi enfermedad y cómo abordarla.

Y ahora puedo decir con total y absoluta seguridad que ese gesto ante mi mujer cargado de lágrimas, desazón, apatía y desgana por la vida pero también lleno de valentía y convicción, salvó mi vida. Que esa noche volví, a nacer. Ya en tratamiento y cuando poco a poco me iba abriendo a mi entorno trasmitiéndole lo que me estaba pasando, me fui sintiendo mucho mejor. Más aliviado al soltar tanta carga tóxica y nociva que llevaba soportando durante años y años mi inestable, vulnerable, debilitada y castigada cabeza a raíz de los malos acontecimientos. Empecé a recibir llamadas y más llamadas. Visitas y más visitas. De mi entorno personal y laboral. Hasta de gente que se había enterado por terceras personas que me transmitían mucho ánimo y fortaleza. Y eso hacía sentirme con más fuerzas y entusiasmo.

A recuperar las ganas de vivir.

A disfrutar de todo lo bueno que tenía y había conseguido en mi vida, con mayor o menor esfuerzo.

A estar orgulloso y satisfecho de todo eso que había ido consiguiendo en mi vida paralelamente al desarrollo de mi enfermedad.

Empezaba a ver la botella medio llena y no medio vacía.

Empezaba a disfrutar plenamente de grandes y pequeños momentos que te ofrece la vida casi a diario.

Sobretodo, ya me sentía por completo un ser humano libre el cual había sido preso y esclavo durante muchos años de sus propias emociones, sentimientos y pensamientos. Libre de poder manifestar mi real estado emocional a quien yo quisiese, de la forma que fuese y donde fuese. Sin pensar en prejuicios hacia mi persona: el que dirán o pensarán de mí. Si realmente esa persona está dispuesta a escucharte y a ayudarte sin condición alguna, no tienes porque tener miedo o cobardía a abrirte ante ella. E incluso a llorar lo que haga falta. Es tremendamente liberador y libertador. Os lo aseguro. Y así, desde esa paz interior con uno mismo, el mundo podrá ver, sentir y percibir quien y cómo eres realmente. Te podrás mirar a un espejo cuantas veces sean que ya sabrás realmente quien eres y para que estás aquí: para disfrutar a tope de la vida a la mínima oportunidad que se te ponga por delante. Disfrutar, sentirte feliz y orgulloso de lo bueno que tienes en tí y alrededor tuya, que las cosas malas ya vienen solas y son ajenas a nuestra voluntad. Te habrás desprendido, con mucho o poco esfuerzo y sacrificio (cada uno es cómo es y lleva su recuperación a un modo diferente a otro. PERO SOBRETODO DEPENDE ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE DE TI) de una vez y para siempre de tu fiel, eficaz y segura armadura (de tu falsa vida).

Poco después de ponerme en tratamiento, uno de mis mejores amigos me dijo esto: los amigos no sólo estamos para tomar copas, fiestas, jugar al fútbol... etcétera. Estamos para lo bueno y para lo malo (este amigo tiene también "lo suyo", un par de cosas terribles. Pero ahí está. Tirando para adelante).

Más conclusiones que he sacado de mi enfermedad:

* Problemas tiene todo el mundo. No sólo tú. Si no aceptas eso, sino lo entiendes, tienes otro problema más.

* La soledad, a veces, es buena incluso necesaria en algunos momentos, etapas de la vida de una persona. Pero abusar de ella, consumirla en altas dosis, ser adicto o ser dependiente constantemente de ella, te puede llevar directa e inequívocamente al final de tu vida.

* Ir a un psicólogo no es cosa de locos. Lo que es una locura es necesitar un psicólogo y no querer ir.

Aquí dejo mi testimonio. Aporto mi propia experiencia para que sirva a los demás.

Cualquiera y con los tiempos que corren, no estamos exentos de haber pasado, pasar ahora o en futuro por una depresión. Aunque no lo creas, hay más gente de tu entorno de la que piensas que va a un psicólogo aunque tú no lo sepas. Y lo digo por experiencia al hablar y hablar sobre mi enfermedad sin sentir ningún tipo de vergüenza o miedo. Yo me decía a mí mismo:

No es posible. No me lo creo. Si fulanito o menganita siempre les he visto igual. Simpáticos, alegres, con trabajo, don de gentes, habladores.... etcétera y me está diciendo que es/ha sido alcohólico, ludópata, depresivo,.... etcétera.

SI TE IDENTIFICAS, O SOSPECHAS QUE ALGUIEN DE TU ENTORNO MÁS CERCANO, PUEDE PADECER ESTA  ENFERMEDAD, NO DUDES EN HACER TODO LO POSIBLE PARA IR/SUGERIRLE QUE SE PONGA EN MANOS DE UN PROFESIONAL DE LA PSICOLOGÍA Y/O PSIQUIATRÍA.

VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD QUE ESTÁ EN CONSTANTES CAMBIOS, EVOLUCIÓN  Y ADELANTOS EN TODOS LOS CAMPOS.

Y POR SUPUESTO EN EL MUNDO DE LA MEDICINA Y EN PARTICULAR DE LA PSICOLOGÍA Y PSIQUIATRÍA (SE TE OFRECE GRAN CANTIDAD DE HERRAMIENTAS, SE TE PONEN CANTIDAD DE RECURSOS A TU DISPOSICIÓN CÓMO PARA SALIR O SOBRELLEVAR ESTA ENFERMEDAD DE LA MANERA MÁS DIGNA Y VIVIBLE POSIBLE).

NADIE TIENE LA BOLITA MÁGICA PARA SABER/ADIVINAR A CIENCIA CIERTA, SI TÚ MISMO U OTRA PERSONA ESTÁ PASANDO POR UNA DEPRESIÓN  DEL TIPO, CAUSA, INTENSIDAD Y ORIGEN QUE SEAN (MI PAREJA LO DESCONOCÍA CASI POR COMPLETO Y ESO QUE VIVÍAMOS JUNTOS EL DÍA A DÍA EN NUESTRO HOGAR).

ES EL PROPIO ENFERMO EL QUE TIENE QUE DAR LA VOZ DE ALARMA. DAR ESE PASO QUE NO ES DE COBARDES O PERDEDORES SINO DE GANADORES DE LA VIDA:

* BIEN A INICIATIVA DE ÉL.

* BIEN CUANDO SE LE SUGIERA QUE SE PONGA EN MANOS DE UN PSICÓLOGO.

* O BIEN CUANDO ALGUIEN LE PREGUNTE QUE TAL ESTÁS Y NO RESPONDA CON EVASIVAS (cómo hacia yo: ¿Que tal estás? - Yo muy bien. Gracias ¿Y tú qué tal? ¿Que tal tu mujer, padres, hermanos, amigos, trabajo...? Todo con la insana intención para desviar la atención a tu interlocutor. De no contarle absolutamente nada).

QUE DIGA/S LA VERDAD Y HABRÁ/S SALVADO TU/SU VIDA Y EN CONSECUENCIA LA DE TUS/SUS SERES HUMANOS MÁS QUERIDOS.

CÓMO ME PASÓ A MÍ.

J. M. Polo

Puntaje de los lectores
[Total: 3 Promedio: 2.3]

Puntaje de los lectores
[Total: 3 Promedio: 2.3]

2 Comments

  • Sabela

    Gracias. Me identifico . Lo peor es que sigo buscando sola la solucion. Y me sigo engañando a mi misma. No se en quien confiar. No quiero tomar medicamentos. Tengo mucho miedo.

    • Lic. Axel Rozen

      Hola Sabela,

      La depresión es un problema que es muy difícil que lo resuelvas sola. Porque tiene la particularidad de que si uno se encierra cada vez piensa y cree las mismas cosas y así no hay forma de salir. Aparte de que difícilmente puedas resolver conflictos profundos sóla.
      Te suguiero que busques ayuda. En muchos casos la medicación no es necesaria. Y en otros casos ayuda. Pero tendría que escucharte y evaluar si hace falta o no en tu caso.

      Si te puedo ayudar en algo, escribime. o contactame.

      Lic. Axel Rozen
      +5491156296286

  • Write a Comment

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Tener la duda recurrente de ser homosexual, no significa que se sea gay. Puede ser un síntoma obsesivo.

    A lo largo de mi experiencia como psicoanalista encontré muchas personas que sufren por dudar recurrentemente de ser homosexuales. …

    La soledad psicológica – Testimonio de alguien que sufrió Depresión y nos cuenta cómo lo superó.

      El siguiente es un testimonio que  J. M. Polo me acercó para que lo publique, en el que nos cuenta cómo combatió …

    Remedio psicológico para la impotencia sexual masculina – Tratamiento sencillo y rápido para tener una mejor ereccion.

    Pretender tener  una erección y no lograrlo es algo que todo caballero vivió alguna vez. ¿Cuándo es un problema de erección? …