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Olga

Encuesta enviada a una paciente que estaba dada de alta para evaluar mi trabajo.

¿Cómo le resultó el tratamiento? ¿En qué le sirvió? ¿Qué logros, cambios o mejoras obtuvo gracias al mismo?

Me resultó muy positivo en múltiples sentidos, incluso quizá más de los que yo pueda percibir, pero al menos en estos puntos:

– Creo que tenía 33 años cuando comencé el tratamiento, y en ese momento me hizo tomar consciencia de que toda la vida la había vivido para otros. De ahí hacia atrás plantearme qué quería “yo” (en la cuestión que fuera) era algo que directamente no me permitía.

– Tomar consciencia de que necesitaba ayuda, porque yo empecé esto como para pedir información profesional sobre un sueño que tuve, pero aún no sabía de mi penoso estado interior a nivel emocional; lo que yo vivía me parecía un estado lógico y natural. Era normal no ser feliz, o en todo caso la felicidad dependía de hacer todo bien. La opción de una mejora en la calidad de vida no me la había planteado. Y al seguir con elanálisis fui descubriendo eso.

– En cuanto al estado interior que menciono puedo poner los siguientes ejemplos: miedos, angustia, síntomas somáticos, creencias familiares limitantes a todos los niveles, complejos e inseguridades, pero todo sin ser consciente antes del tratamiento, con lo cual estaba en manos de todo ello, con poca capacidad para estar relajada y disfrutar de la vida, de mi persona y de los demás. Incapacidad para decir NO o auto- determinarme sin sentir angustia. Rigidez especialmente hacia mí misma (excesivo auto-control y juicio duro). Todo esto se solucionó y/o mejoró notablemente. Actualmente si comienzo a sentir algo de ello, soy inmediatamente consciente y puedo gestionarlo mejor.

– También logré sentar unas bases para el resto de la vida. Es decir, no todo se soluciona en un sentido estricto, pero emerge ante ti, tomas distancia, puedes tener cierto o todo el dominio sobre ello. Puedes incluso bromear sobre ello porque ahora te entiendes más y mejor a ti misma.

– Empatía y compasión por mí misma (comprensión, no victimismo). Yo éxisto y tengo derechos. Tengo preferencias, no tengo que gustar a todo el mundo, quiero ser feliz yo misma y por mí misma, junto a otros que necesito sin duda, pero si su trato o intención no es saludable, puedo sacarlos con cariño de mi vida (suena contradictorio, pero no) . Mayor comprensión también de mí hacia mis errores y aspectos que aún me cuesta aclarar del todo, entiendo que voy al ritmo que puedo y consigo lo que puedo. No necesito ser perfecta.

– Mayor capacidad de entender y comprender a los demás. Aceptarlos como son. No quiero cambiar a nadie sólo quiero tener capacidad para elegir quién está en mi vida.

– Desapego (creo vínculos amistosis, o me enamoro, pero eso no ocupa mi centro). Puedo amar y desear, pero puedo prescindir de una persona dañina. Todo ello se dice fácil pero antes del análisis era justo al contrario y la calidad de la vida cambia radicalmente.

¿Cómo se sintió conmigo para trabajar sus cuestiones? ¿Se sintió en confianza?

Sí, me sentí en confianza. Pronto me dí cuenta que estaba ante una persona responsable y seria en su forma de trabajar. Alguien que me tomaba en serio como paciente. Yo no dejaba de hablar en toda la sesión, siempre me sentí escuchada y por las orientaciones que recibía , yo sentía que él procuraba entender con sinceridad y que su escucha no era superficial. Cumplía siempre

con lo que decía y procuraba estar todo lo disponible que yo necesitaba si estaba en sus posibilidades.

¿Cumplió sus expectativas?

A decir la verdad no, pero eso en este caso es positivo, ya que mis expectativas eran un poco cortas y pobres al principio (aunque lógicas en un momento inicial donde yo no tenía perspectiva ni consciencia de todo lo que estaba sucediendo dentro de mí). Lo digo porque yo tras las primeras sesiones y sentirme escuchada, pasé a necesitar de él una ayuda más de tipo “consuelo”, compasiva, alguien que me ratificara en algún sentido como persona, y sin duda todos los años de psicoanálisis fueron en parte así, pero yo particularmente lo vivía como si eso no pudiera faltar, como si su ayuda tuviera que ser real de él hacia mí, o tuviera algún tipo de obligación hacia mí; como si mi bienestar presente y futuro se fuera a sostener en él, como un pilar ajeno a mí, y sin embargo necesario para mi estabilidad. Entonces el psicoanalista a través de su hacer en todo el proceso año tras año me fue haciendo entender que yo sola soy mi pilar. Yo quería el otro pilar  , pero ahora entiendo que es mejor sostenerse sola.

¿Tiene alguna crítica al mismo?

La crítica, como puede desprenderse de todo lo dicho, es totalmente positiva. Pero puedo puntualizar esto: se da la particularidad que desde siempre a parte de analizarme personalmente en esa terapia, siempre estuve formándome también como alumna en psicoanálisis y otras terapias. Entonces, yo personalmente si fuera a psicoanalizar a alguien con una enorme carencia afectiva e historia particular familiar de toda una vida de mal trato psicológico y presiones bastante grandes, no aplicaría muy pronto la neutralidad del psicoanalista, porque se produce un sufrimiento demasiado grande a veces, al menos en mi caso y eso hizo que me fijara demasiado a él y bloqueara un poco el camino. Es como si te rompes el brazo y efectivamente el traumatólogo te lo tiene que tocar y manipular para sanarlo, pero por favor “ponme anestesia”. Esto en su día Axel Rozen lo vio y cambió un poco siempre sin salirse de su profesionalidad y he de decir que eso me hizo continuar y avanzar. Creo que hay contextos, y grados en las cosas, y hay que hacer adecuaciones, como él hizo.

Si tuviera que resumir todo en una metáfora sería en ésta, que seguro muchos
conocen:

Un día una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó a la mariposa por varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. En tanto, parecía que ella había dejado de hacer cualquier progreso. Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo. Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: él tomó una tijera y abrió el capullo. La mariposa pudo salir fácilmente. Pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas. El hombre siguió observándola porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo, y que éste se hiciera firme. ¡Nada aconteció! En verdad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas. Ella nunca fué capaz de volar. Lo que el hombre, en su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era la forma en que la vida hacía que el fluído del cuerpo de la mariposa, fuese a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo.

Así que siempre estaré agradecida a Axel Rozen por dejar que yo saliera costosamente de donde subjetivamente estaba metida para que pudiera volar sola.

 

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