Artículos

Textos de interés categorizados por temas.

Segunda parte

El enamoramiento es un síntoma…. Parte 2 “Síntoma y Salud”

Continúa de la Parte 1.

Imaginemos ahora un hijo abandonado a los 8 años de edad –fase en la que ya se tiene un alto grado de memoria y sensibilidad- por su madre biológica, y que es adoptado por una nueva madre, amorosa y cuidadora. El niño estará contento, su presente le gusta. Pero somos la suma de todas nuestras experiencias. Dentro de nuestro ser, no existe un corte radical entre ayer y hoy. El hoy, enraíza en el ayer, se nutre casi del ayer. Posiblemente este niño del ejemplo no podrá olvidar fácilmente el odio, impotencia y pena por una madre que no lo amó. Y como aún experimenta ese dolor e impotencia infantiles, entonces hace “síntoma”: lo puede transferir, lo puede desplazar a su madre adoptiva (cambio de persona) madre que por muy amorosa que sea, él  siempre va a temer que lo abandone (producto de su transferencia activa) y  podrá mostrar conductas agresivas e irascibles,  porque “ella también puede abandonarlo”. Pasado y presente entrelazados negativamente, afectándose, distorsionándose y creando todo tipo de problemas.

Sanear el pasado, es la solución para el presente. No al revés. Hay que acceder al inconsciente. En  el caso del niño que nos ocupa, se habría instalado y bloqueado en la madre imaginaria, que “no fue buena”, sin poder ver a la real (y actual). La herida está abierta. Esto es la transferencia (desplazar lo que era la madre anterior, a la madre actual) y el síntoma: su miedo, su odio irracional, agresividad… etc, son síntoma de su dañada realidad interior.

El síntoma es signo, nos remite a “otra cosa” más allá, dentro de la persona que los padece. Ante un síntoma, no debemos quedarnos con el juicio de valor “es agresivo y desconfiado” sino que nos haríamos la pregunta “¿por qué es agresivo y desconfiado? ¿a qué remite ese signo en él/ella?”. Allí estará justo el campo de trabajo, la parte que hay que sanar. Porque, además, hay que decir que de no hacerlo, según el niño se convierta en adulto va a transferir su daño a cualquier mujer significativa para él.  Portará el problema de un lado a otro, y su vida quedará totalmente determinada por él, generalmente degradándola. “Amará” desde el síntoma, no desde su “sí mismo” sano y libre.

Cuando se ama desde el síntoma, se ama (enamora) “desde lo que falta”, desde el hueco no nutrido. Y partiendo de esa posición errónea que confunde pasado y presente, nada puede salir bien… Si continuamente necesitamos llenar un hueco, seremos adictos a aquello que creemos –erróneamente- que lo sacia.

Al conocer a una persona y desear conseguir su amor –o incluso habiéndolo ya conseguido-   inconscientemente queremos suplir el goce faltante a través de ella, como diría Lacán. Cuando algo falta (o sentimos que así es) el paciente, a modo de suplencia, produce el síntoma. Es amar –como también dice el psicoanálisis- desde el propio fantasma (lo fantaseado) el cual hay que atravesar para estar libre.

Ese atravesamiento del fantasma es el costoso pero fructífero recorrido de un tratamiento terapéutico. Tenemos claro que hay que aceptar un tratamiento del tipo que sea cuando enferman partes de nuestro cuerpo o nos desestabilizamos psicológicamente de formas quizá más evidentes, tales como depresiones, fobias…etc. Y sin embargo, no se nos ocurre en cuanto a nuestras relaciones de pareja. No logramos ver con la necesaria claridad que ellas también denotan salud o enfermedad en la persona que somos. Por otro lado, aunque algo esté enfermo en nuestros planos más sutiles (en nuestro cuerpo mental y emocional) si se mantiene así en el tiempo sin duda acabará pasando al cuerpo físico, en el cual sí lo veremos como enfermedad, pero realmente es la persona entera la que ya estaba enferma desde hace mucho tiempo. El cuerpo es el último que se entera, dice una máxima médica (cuando percibimos la enfermedad en el cuerpo, ya ha estado dando avisos a través de síntomas más leves a nivel corporal, así como psicológicos y emocionales, que no atendimos, no escuchamos el mensaje que contenían para nosotros.).

¿Amamos patológicamente? ¿Es nuestra forma de amar un síntoma en nosotros? ¿Nos remite a algo insano, dañado, que hay que analizar y desatar para  no crear una distorsión en nuestros vínculos afectivos?. La respuesta es sí.

Concluyendo, cuando nos enamoramos (creo que ya puedo usar el término con cierta tranquilidad de que el lector lo entiende) transferimos al otro el mundo irreal que llevamos dentro. Porque no amamos desde la nada, no partimos de cero, desde un corazón y mente nuevos, sino todo lo contrario: partimos de lo viejo, de toda la carga emocional que llevamos a cuestas mezclando pasado y presente; amamos desde un corazón y una mente intoxicados, llenos de heridas, recuerdos, falsas creencias…  Toda una amalgama de pensamientos dañados y de los que “el otro/a” no tiene la culpa ni tiene por qué soportar las consecuencias (la pareja se convierte en el objeto más deseado, pero también por ello y por el terror a perderla,  será la diana sobre la cual se nos moviliza el interior enfermo con más fuerza que con ninguna otra persona de nuestro entorno).

¿Analizar el amor?  ¿No se trata simplemente de vivirlo y disfrutarlo? Sí… sin duda.

Si habláramos de amor realmente (de sentimientos maduros, sopesados, construídos consciente y libremente) la respuesta sería afirmativa. Pero aquí hablamos de enamoramiento, de “enganche adictivo”,  de transferencia, proyección, neurosis… en definitiva: de canalización -a través del vínculo amoroso- de todo aquello más oscuro que llevamos dentro, ese niño herido interior que afecta negativamente al adulto que somos. Eso hay que analizarlo y curarlo.

Ahora bien, cualquiera podría decir: “yo disfruto sometiendo a mi pareja”, o “yo disfruto viendo cómo en cierto modo me maltrata, eso es porque siente celos de mí, porque me ama….”. Pero ¿es ese nuestro pobre proyecto de vida? ¿ésa nuestra corta percepción sobre el valor del ser humano? ¿viviremos como gallinas de corral pudiendo ser águilas imperiales?.

Cada enamoramiento bien elaborado, en un estado de verdadera auto-consciencia de lo que está sucediendo, y bien analizado, es motor de cura (tal como la transferencia es el motor de la cura en psicoanálisis, lo será también si sabemos utilizarla en nuestra vida cotidiana). Cada relación amorosa que nos trae el destino se convierte en un maestro para nosotros, en una posibilidad de crecimiento interior, si estamos despiertos y conscientes de todo lo que sucede en el otro y en mí.

Si el enamoramiento se convierte en todo un dispositivo desde el cual emergen nuestras patologías y sensaciones más desestabilizadoras, entonces es oportunidad de crecimiento! No perdamos de vista que esto sucede en personas sanas, con suficiente grado de equilibrio para poder percibir sus conductas “inexplicables” y la necesidad de ayuda.

Considero necesario decir que este título por mí elegido (el enamoramiento es un síntoma) está basado en las ya conocidas manifestaciones del psicoanálisis, desde Freud y especialmente con Lacán, de cuyas teorías se desprende que el amor es –literalmente-  “un síntoma”. Frase que a priori puede parecer similar a ésta de mi autoría , pero que sin embargo dista mucho de ser idéntica. Empleamos el término “amor” con demasiada licencia, de forma indistinta y confundiéndolo con la atracción, enamoramiento, obsesión. Llamamos amor a cualquier cosa, hablamos de amor entre personas aunque cabalmente observemos una relación altamente nociva. En realidad nos estamos refiriendo a otra cosa. En el amor no hay sufrimiento, el amor es más bien el resultado de una decisión, de una vida vivida juntos, o de un período de la vida donde dos personas deciden acompañarse y tener experiencias diversas, en un contexto de respeto y actitud positiva mútua que se convierte en innegociable. De modo que donde el psicoanálisis dice que el amor es un síntoma, yo digo que el enamoramiento sí lo es..

Pero ¿por qué defiendo en este trabajo que el enamoramiento, esa experiencia tan bonita y placentera para todos, es en realidad síntoma de enfermedades psico-emocionales de todo tipo? ¿Por qué afirma eso el psicoanálisis y todas las psicologías y ciencias sociales en general?. Es decir, es una vivencia en principio tan positiva que no observamos la necesidad de prever nada ni plantearnos nada, más allá de la mera vivencia de la felicidad del momento. ¿Por qué entonces ponerle “peros” al amor de pareja? ¿Por qué se multiplican los tipos de terapias destinados a tal fin?. Lo veremos claro a medida que el texto avance.

1.2 Concepto de síntoma:

Continuemos dando respuesta a estas incógnitas, desmenuzando ahora el término “síntoma”:  

La palabra síntoma, usada en el contexto del habla cotidiana, designa una señal, un indicio observable, visible, detectable, que remite siempre a OTRA COSA, a ALGO QUE LO PRODUCE. Es como la punta de un iceberg, la cual nos indica –es síntoma- de que una grandísima masa de hielo se haya debajo, sumergida e invisible si no nos acercamos a ella. La punta del iceberg es indicio de algo mayor que está sumergido.

El síntoma, para la medicina, es aquello por lo cual un paciente consulta, lo que no funciona correctamente, lo que lo aqueja (“me duele la cabeza”, “noto tensa la cervical”). El médico debe buscar la raíz de ese síntoma, nunca tratarlo o engañarlo (recetando por ejemplo un anti-inflamatorio para el dolor de cabeza sin saber de dónde proviene el mismo).  El síntoma “sólo” nos avisa, pero no es la enfermedad en sí, no es la situación desestabilizadora, no es la raíz. Una relación de pareja turbulenta y dañina es síntoma de estados personales altamente desequilibrados, y de altas cuotas de sufrimiento. La forma en que nos enamoramos, ya es en sí un síntoma; remite a nuestro interior, que no se ve fácilmente.

Repitiéndolo con otras palabras: el síntoma es señal de que en algún aspecto de nosotros mismos, no hay orden. Es negativo pero a la vez positivo, por su función de aviso, que nos prepara para ponernos en movimiento hacia una potencial curación.

Según el diccionario, “síntoma”, del latín: symptōma, es la manifestación subjetiva de un estado patológico… Los síntomas son descritos por el individuo afecto más que observados por el examinador. Es el indicio o señal de que algo está sucediendo o va a suceder en el futuro. Se “manifiesta” , se pone en evidencia afuera, porque dentro algo no anda bien. El síntoma nos llama la atención: hay que cambiar o hacer algo.

El concepto de síntoma es aplicable tanto a los niveles físicos del ser humano, como a los mentales, emocionales y espirituales. Y es así mismo aplicable tanto a nivel individual como social. Por ejemplo: que tantos jóvenes recurran a la droga es “síntoma” –señal, llamada de atención- de que estamos criando y educando a nuestros hijos de una forma errónea en uno o varios de sus aspectos, ya que de otro modo esa juventud no daría “síntoma” de tal vacío y desorientación que busca consuelo en las sustancias tóxicas.

Si los adolescentes y jóvenes se sienten vacíos y sin referentes sólidos que deberían ser transmitidos a través de su familia, intentarán llenar sus carencias a través de la droga. La adicción a la droga es el síntoma de un estado personal alejado de la realización y de la felicidad. La adicción intenta tapar y desoir la intensa desmotivación interior que se sufre. Tratar el síntoma sin más (evitando por ejemplo su acceso la droga) es tanto como no hacer nada, ya que dicho síntoma es sólo la parte externa de un estado interior enfermo, dañado, sufriente; no es más que la parte visible del problema, que permanece latente y callado –de momento- en el fondo de cada persona y/o grupo social. Uno podría ser físicamente alejado de la droga (en un Centro especializado, por ejemplo) y hasta podría decidir con fortaleza y voluntad no volver a consumirla jamás, pero sin afrontar el núcleo de la cuestión,  esa persona siempre será proclive a todo tipo de bloqueos y nuevas dependencias, sean éstas a sustancias, a personas o a actividades, pero serán dependencias. El fondo, mientras no sea resuelto, adoptará nuevas formas cada vez, a modo de progresivos intentos que calmen el sufrimiento.

Para el psicoanálisis la noción de síntoma va más allá que el de la Medicina, expuesta en líneas anteriores. Nos da luz sobre algo que de otra manera nos pasaría desapercibido: para el psicoanálisis el síntoma es solución y problema. Es “solución” porque a través del síntoma el sujeto sostiene cierto equilibrio, es una solución de compromiso, para evitar males mayores. Hay una especie de “satisfacción secundaria” en el síntoma. De ahí que mucha gente –de forma no consciente- presenta resistencias hacia la idea de su curación.  Pero realmente es un problema porque el síntoma hace sufrir al sujeto: mejor lavarse las manos 40 veces al día de forma compulsiva, que vérselas con un trauma imposible de soportar: el recuerdo de que mi madre me va a pegar como lo hizo durante años todos los días, o la culpa intensísima que siento por mis deseos sexuales, o la humillación a la que me sometió un profesor en mi más tierna infancia. Es mejor –en cierto modo- acallarlo con actos compulsivos, pero hay sufrimiento, hay algo que se lleva a cuestas, hay una vida vivida a rastras…

El síntoma me satisface, me calma porque reprimo el problema real, me defiendo inconscientemente así de él, ya que me resulta demasiado doloroso; es una “solución de compromiso”, repito, pero es malestar, me quita calidad de vida, me esclaviza y provoca sufrimiento, y si no lo atiendo puede pasar de ser un síntoma neurótico (con cierto nivel de “normalidad”) a convertirse en un síntoma psicótico (aumentando por tanto su gravedad y sus consecuencias) o finalmente puede incluso llegar a enfermedad corporal.  

Hay que bajar por la escalera del síntoma hasta las profundidades del desván oscuro de nuestro interior, donde se halla la verdad, lo que realmente hay que solucionar, desbloquear, liberar.

Freud termina diciendo que el síntoma es al mismo tiempo algo que genera malestar pero que implica una satisfacción y que surge como resultado de una verdad imposible de modificar. Lacan dirá más adelante que el displacer que el síntoma aporta a la vida del individuo y del cual éste se queja, tiene algo de engañoso ya que enmascara el motivo principal de su existencia y su fortaleza: el goce que aporta al sujeto.

¿Qué hacer con eso que no funciona pero que a la vez hace que funcionemos de algún modo? El sujeto –en el mejor de los casos sabe que su síntoma le hace sufrir a él y a otros. Cuando tiene consciencia de esto, tiene que tomar una elección responsable: curarse, salir de ahí, y liberar de ese modo también a los demás de las consecuencias que protagonizaban.

Continuará. Parte 3 de 5 en breve…

Olga Rivas Corrales


Fue paciente del Lic. Axel Rozen, ver comentario realizado por ella sobre dicho tratamiento.

  • Profesora de primaria.
  • Título de Grado en consultoría psicológica por la Bircham International University.
  • Acreditada legalmente por la Asociación Española del Counselling.
  • Amplia formación en psicoanálisis y psicología transpersonal (máster).
Puedo trabajar con cualquier cuestión psicológica y emocional en personas que no tengan diagnosticos competencia de un licenciado en psicología. Es decir trabajar los malestares de personas global mente sanas.  Mis ámbitos de mayor interés son los problemas psicopedagógicos en adolescentes ( cuando ambos aspectos van unidos ) y las adicciones amorosas en adultos , pero cualquier cuestión que se me presente me resultará igualmente motivadora.

cursospsiorc@gmail.com

http://ayuda-psicoemocional.webnode.es

 

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

BRUNO, F. J. Diccionario de términos psicológicos fundamentales. (1997). Barcelona. Paidós Studio.

CARVER, Charles S.; SCHEIER, Michael F. Teorías de la personalidad, 3ª ed, Traducción de María Elena Ortiz Salinas, capítulo 11, págs.. 293-303.

GUTMÁN, Laura. El hambre emocional, http://www.animalespiritual.com/el-hambre-emocional/, 2014.

HIRIGOYEN, Marie-France; El acoso moral : el maltrato psicológico en la vida cotidiana, Barcelona : Paidós, 1999. Serie Paidós Contextos, 42.

HORNEY, Karen, Neurotic personality of our times, New York: Norton, 1937.

HORNEY, Karen, Our inner conflicts, New York : Norton, 1945. ERIKSON, E. H., Childhood and society, 1ª ed., New York : Norton, 1950.

LACÁN, Jacques. Ver Seminarios XX a XXIII. En la misma línea que yo comentaba más arriba, Lacán expresa que en ese momento en que nos enamoramos, una mujer para un hombre es un síntoma y viceversa, que un hombre para una mujer es un síntoma. Él dirá que es “letra gozada”, leer sus interesantes reflexiones en los mencionados seminarios.

LAPLANCHE, Jean y PONTALIS, Jean Bertrand, Diccionario de Psicoanálisis, 1ª ed., 6ª reimpr. Buenos Aires etc, Paidós, 2004, pág. 156 ss

POSADA, Pilar. Affectio Societatis, nº 2, En tanto no hay relación sexual… entonces síntoma, 1998, pág. 6.

R.A.E. define Estrés: Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.

Para los términos “síntoma” y “fantasma” ver, Ustárroz Orangez, Daniel Hugo, El Síntoma en la Teoría psicoanalítica, Revista de Psicoanálisis, Psicoterapia y Salud Mental Vol. 1 nº 3, 2008

USTÁRROZ ORANGEZ, Daniel Hugo, El Síntoma en la Teoría psicoanalítica, Revista de Psicoanálisis, Psicoterapia y Salud Mental Vol. 1 nº 3, 2008

VALLEJO-NÁGERA, J.A. [director]; López-Ibor, José Miguel … [et al], Guía práctica de psicología, 21ª ed., Colección Vivir Mejor, Madrid, Temas de hoy, 1998, 696-97.

Ver por ejemplo: http://contenidos.uag.mx/pda/camino2.htm

Write a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Segunda parte

El enamoramiento es un síntoma…. Parte 2 “Síntoma y Salud”

Continúa de la Parte 1. Imaginemos ahora un hijo abandonado a los 8 años de edad –fase en la que ya se tiene un alto …

Segunda parte

El enamoramiento es un síntoma. Adicciones: un problema de fondo que adopta múltiples formas. Parte 1.

PARTE 1 de 5 Resumen: En esta tesis (Publicada originalmente en la revista Infonova N° 27) se exponen nociones y reflexiones …

¿Por qué cuesta tanto terminar una relación amorosa?

Una relación amorosa es un enlace afectivo duradero en el tiempo, donde cada una de las partes deposita en el otro afectos, …