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¿Cómo funciona un tratamiento psicoanalítico?

¿Qué se puede esperar de un tratamiento psicoanalítico?

El psicoanálisis, creado por Sigmund Freud, propone una terapéutica que para resolver los síntomas explora sus causas. Propicia el encuentro del sujeto con sus motivaciones inconscientes para haber creado sus síntomas y luego haberlos mantenido y aunque cueste creer hasta cultivado. Estas motivaciones son multicausales, esto es que tienen componentes de deseos, de pulsiones, de represión, históricos (Experiencias y fantasías recientes y antiguas) y cumplen una función, esto quiere decir que en algún punto sirven para algo (Aunque a simple vista parezca todo lo contrario). En este proceso de exploración que utiliza la herramienta de la asociación libre se van encontrando cuestiones que muestran al sujeto la identidad del conflicto en juego, lo que posibilita al sujeto tomar decisiones al respecto, descargar emociones contenidas y modificar prejuicios e ideas que estaban grabadas inconscientemente.

Durante este recorrido los síntomas (Que son manifestaciones, pruebas de vida de estos conflictos) van desapareciendo sin que sea necesario en la mayoría de los casos enfrentarlos directamente. Simplemente al desaparecer el conflicto que los causa, desaparece el síntoma. Al no estar más la motivación del síntoma, este no necesita volver a aparecer ni del mismo modo, ni de uno diferente. A su vez el sujeto no necesita hacer un esfuerzo, ni un trabajo que implica desgaste de energía para mantener el síntoma a raya, porque simplemente la causa ya no existe y por ende nada intenta que vuelva a aparecer el síntoma. A esto Freud lo llamaba una recuperación para el yo de su energía psíquica que estaba colocada en el síntoma.

¿Qué es un síntoma en Freud?

Un síntoma es la resultante de fuerzas en contrajuego. Las fuerzas que están en juego en estas conflictivas son pulsionales (Que para abreviar serían los impulsos y exigencias que impone el cuerpo a lo psíquico como el hambre o el impulso sexual, pero atravesados por el lenguaje lo que afecta indefectiblemente a estas pulsiones volviendo a modo de ejemplo al hambre en algo muy distinto de la necesidad de saciar el apetito que se ejemplifica leyendo una sofisticada carta de un restaurante gourmet, donde la necesidad queda relegada por algo de una índole distinta que se aprecia al ver delante de uno un tentador y escaso plato gourmet. Si es escaso es porque la necesidad ya no es lo que realmente me motiva a comer ahí.); Deseos (que hay que distinguir de las fantasías, los hay aceptables para el sujeto y también extremadamente insoportables); Fantasías es ese modo particular que cada sujeto encuentra para darle una posible realidad fantaseada a su encuentro con lo que lo causa, esto sería a su encuentro con la satisfacción plena); todo esto cuando implica cuestiones insoportables para el yo disparan mecanismos de defensa que suelen estar comandados por la represión. Lo que por ejemplo puede implicar simplemente el olvido de lo que recordaría a este conflicto y cualquier cosa relacionada; Experiencias de vida que a veces desencadenan la conflictiva, como por ejemplo un abuso sexual infantil puede desencadenar que el sujeto tenga que enfrentarse con ciertas conflictivas y en otras ocasiones simplemente prestan el texto, el anécdota para que se pueda expresar la problemática, sin haber sido el causal del mismo. Como la represión no puede extinguir ni la pulsión, ni el deseo, solo mantenerlos a un costo elevado a raya. La presión que ejercen se vuelve progresivamente más poderosa y esto desencadena que los síntomas vayan proliferando mientas no se resuelva la problemática de fondo. Todas las técnicas que existen para sofocar los síntomas están condenadas al fracaso porque la pulsión cada vez incrementa su energía y no es al contrario, por ende el yo tiene que colocar cada vez más energía en mantenerlo a raya. Por ejemplo las técnicas conductistas pueden ser efectivas a simple vista, pero se debe evaluar que los síntomas cuando ya no se pueden manifestar en un lugar, lo que hacen es cambiar su forma y aparecer en otro lugar, teniendo que repetir la operación de darles caza una y otra vez.

¿Cómo resuelve esto el psicoanálisis?

En la terapéutica psicoanalítica se parte de los síntomas, pero no para sofocarlos o prohibirlos, sino para interrogarlos. Esto es que el sujeto hable de ellos, en este hablar libremente, pero especialmente sobre lo que no se quiere hablar, se va recorriendo inversamente el camino de formación de los síntomas. Porque las pulsiones y deseos que sostienen al síntoma siguen entregando su parte de energía que intenta manifestarse a través del síntoma, por eso cuando alguien puede hablar libremente sobre un síntoma y sin censuras, va nombrando cosas que va mostrando progresivamente lo que lo causa. En ese camino se encuentra con los deseos, las pulsiones, las represiones, la conflictiva en juego entre el yo y sus deseos prohibidos, todo esto a través de diversos recuerdos y relatos que hace el sujeto, tanto de la realidad, como de sus fantasías. En este recorrido se producen descargas de emociones coaguladas, que generan un alivio transitorio. Pero al desentrañarse completamente la conflictiva el sujeto puede hacer diferente con eso y ahí desaparecen los síntomas ya sin esfuerzo. Todo esto con el acompañamiento del psicoanalista que facilita este recorrido y también interviene para posibilitar los movimientos subjetivos necesarios.

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Lic. Axel Rozen

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